Los comerciantes de Avenida Avellaneda denuncian una caída drástica en las ventas textiles, con locales desolados y sin movimiento incluso en horarios pico de cambio de estación. Romina Iannotti recorre en vivo mostrando veredas vacías y ausencia de mayoristas que antes llegaban temprano con changuitos para revender, comparando la situación actual con crisis peores que la de 2001, la pandemia y la hiperinflación de Alfonsín.
Testimonios de encargados como Sergio, Emiliano, Nicolás, Michael, Ernesto (dueño de Firma 45.8 con 35 años en el rubro), Fabricio y Juanma revelan angustia palpable: no abrieron caja horas después de inaugurar, venden 50% menos que el año pasado, eliminan media estación porque la gente solo busca prendas extremas de invierno o verano para ahorrar, y precios bajos como camperas a 20.000 pesos no atraen compradores por falta de poder adquisitivo.
Redujeron personal drásticamente -de 10-11 a 6-7, de 6-7 a 3-4-, solo cubren gastos básicos y alquileres que suben, mientras micros no entran y hay menos flujo. El panel en estudio destaca el círculo vicioso: sin consumo no hay ventas, sin ventas despidos, y critica al gobierno por negar la crisis pese a 22.000 pymes cerradas (98% pymes), comparando negativamente con 2018 bajo Mauricio Macri donde había cola pese a devaluación.
Comerciantes importan de China porque producción nacional sale cara, esperan diciembre que falló (30% más que antes pero aún bajo), y cuestionan políticas: "esto no da para más", "desastre", con quiebres de voz por emoción. Insisten en que no es solo inflación baja sino falta de plata en bolsillos, y piden equilibrio sin negar el problema real en la calle.