Nino Dolce, argentino radicado en Jerusalén y ahora chef en un restaurante gigante, contó en vivo cómo un misil pasó sobre su cabeza anoche pese a defensas antiaéreas intensas en la zona, que ahora es blanco frecuente por albergar a Netanyahu y sistemas de intercepción.
La vida sigue: restaurante lleno con 300 comensales ayer, gente sale pese a sirenas y apps de alerta; menos transporte nocturno, no hay clases, pero conviven judíos, árabes y rusos en armonía pese a extremistas. Muestra refugio subterráneo del local para 700 cubiertos en barrio montañoso.
Desmintió que eviten Jerusalén por sitios sagrados como Muro de Lamentos o mezquitas; es por defensas. Irán tira "petardos" desesperado contra todos, arriesgando mezquitas. Gente no vive con miedo, prefiere Jerusalén a inseguridades en Buenos Aires.
Convivencia real: mostró empleados árabes y rusos saludando; ultraortodoxos pelean con policía. Dolce, ex "barrilete" nocturno porteño, se reconvirtió al judaísmo como "Noah" y halló rumbo en Israel.