La Isla de los Estados, inspiración de Julio Verne en El faro del fin del mundo, fue habitada por pueblos canoeros fueguinos hace entre 2700 y 1000 años. Estos grupos cruzaron en canoas el estrecho de Le Maire para cazar moluscos, peces, aves y mamíferos marinos como lobos de dos pelos, dejando rastros óseos que confirman su presencia.
Los yámanas la llamaban Kwanisín, la isla de la abundancia, un lugar mítico central en su cosmovisión, mientras que para los selknam representaba la cordillera del este y origen de luchas chamánicas. La antropóloga Ann Chapman desafió la idea de que el estrecho era infranqueable, probando ocupaciones humanas antiguas.
Europeos la descubrieron en 1616 con el barco holandés de Isaac Le Maire, nombrando el estrecho en su honor. Sirvió de reabastecimiento de madera y agua, y luego de cacería masiva de lobos marinos de dos pelos por su pelaje codiciado, con estaciones como las de Luis Vernet en Puerto Basil Hall hasta su expulsión por ingleses en las Malvinas.
En el siglo XX, el Estado argentino la usó como presidio en San Juan de Salvamento y construyó un faro. La cacería de pingüinos rey por aceite extinguió colonias como la de Puerto Roca con 20.000 animales, pero ahora una nueva colonia incipiente con siete adultos y dos pichones revive en Bahía Colnet, señal de recuperación si se protege el hábitat.
La isla, con fiordos glaciares y origen de la corriente de Malvinas, alberga ballenas jorobadas que cantan en cortejos y alimentaciones cooperativas, migrando desde Pacífico y Atlántico. Hoy, bajo régimen estricto de conservación, revela su historia desde mitos originarios hasta exploraciones modernas.