En aguas del Golfo de Chubut, los nudibranquios reptan por el fondo rocoso destacando por variedad e intensidad de colores, similares a babosas sin caparazón.
Sus branquias visibles y formas curiosas los diferencian de moluscos, medusas, erizos o estrellas de mar. Nunca superan los 30 centímetros.
Los colores vibrantes advierten a predadores sobre sustancias químicas tóxicas en su cuerpo, mecanismo de defensa ante falta de caparazón como los caracoles.
Científicos valoran mostrar estas especies a público para generar observaciones y conciencia sobre alta biodiversidad, contribuyendo a conservación del ecosistema marino argentino.