Fernanda Mistral relató su crisis profesional en 1982 que la llevó a India por un camino espiritual, cambiando su nombre a Nandito y practicando retiros de 11 días de silencio y meditaciones, continuando hasta hoy.
Se instaló en España con su pareja Carlos, quien montó una empresa publicitaria en Madrid; vivieron con libertad, ella dedicada a autodescubrimiento mientras él trabajaba. Regresó en 1990 por el nacimiento de una nieta en San Martín de los Andes.
Carlos Rottenberg la convocó para teatro con amigas, iniciando una década prolífica de 1990-2000 que culminó en Muñeca Brava (1998). Mistral, de 92 años, atribuye su vitalidad a buena alimentación, meditación y autopercepción positiva, sintiéndose a veces de 15 o 101 años.
Reflexionó sobre la vejez como sorpresa que llega pese a vivir intensamente, criticando menos y ganando sabiduría y comprensión con la madurez.