Turquía ocupa posición incómoda como único miembro OTAN atacado por misiles iraníes, que niega lanzar, mientras media en la crisis para evitar escalada económica con su inflación cerca del 40-50%.
El presidente Recep Tayyip Erdogan mantiene canales abiertos entre Teherán y Washington, priorizando alejar a Turquía del conflicto pese relaciones históricas con Irán y amenazas israelíes. Ankara envió sistemas antiaéreos a Qatar.
Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin endurecen tono contra Irán, catalogando ataques como terroristas, en diplomacia como última vía contra recesión global por petróleo.