Trabajadores con empleo en blanco y sueldos formales acuden masivamente a comedores comunitarios porque sus ingresos no cubren la canasta básica alimentaria ni los servicios esenciales, un fenómeno nuevo que refleja la agudización de la crisis económica.
Empleados de textil, construcción, acompañantes terapéuticas y seguridad llevan tuppers vacíos al mediodía para llenarlos en los comedores. Empresarios confirman que los sueldos no alcanzan y las familias priorizan la comida de los niños, salteando sus propias comidas o recurriendo a mate por la noche.
En barrios de clase media como Villa Ballester, madres solteras y abuelos con nietos a cargo expresan impotencia pese a laburar todos los días. El alquiler, luz, gas y subtes disparados obligan a estrategias de supervivencia extrema.
Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina revela que el 83,5% de los asalariados deja de comer nutritivo o no come al mediodía para ahorrar, y uno de cada cinco no almuerza por falta de dinero.