Luis Montes, sacerdote argentino radicado en Líbano, atiende a 115 personas en su casa refugio, incluyendo ancianos, discapacitados, víctimas de violencia y 70 refugiados africanos de Sudán y Etiopía huidos del sur por los bombardeos.
La casa está colmada con gente durmiendo en colchones en el comedor, enfrentando faltantes de agua y electricidad, mientras una asociación ligada a la ONU provee alimentos y Médicos Sin Fronteras atiende médicamente a los africanos.
Los residentes permanentes, unos 35 abandonados, se financian con donaciones locales e internacionales vía Instagram o Western Union, en medio de altos costos médicos y alimentarios agravados por la crisis económica y guerra.
Montes, oriundo de Arreguera cerca de Bahía Blanca y con 30 años en Medio Oriente, describe Líbano como diverso con shiítas, sunnitas y cristianos en convivencia, aunque lamenta falta de libertad religiosa en la región y bombardeos intensos en sur, valle y Beirut.
La situación genera miles de desplazados en invierno lluvioso, con pérdida de esperanza por guerras repetidas.