En un ex palacio de justicia de Sidón, al sur de Líbano, la fundación Amalona asiste a cientos de desplazados del sur del país, zona bombardeada por Israel. El doctor Jamed explicó que reciben a 450 personas de día y 500 de noche, muchas durmiendo en el patio o carpas con condiciones pésimas, filtraciones de agua y falta de privacidad.
La gente llega sin nada, huyendo de aldeas destruidas durante la invasión israelí, que el doctor llama "enemigos israelitas". Reparten viandas de pollo con garbanzos, pero a veces no alcanza y piden ayuda a otras asociaciones. Priorizan a discapacitados sin piernas de guerras anteriores como la de 2006.
Historias duras marcan la rutina: una madre hospitalizada dejó a su bebé recién nacido al cuidado de voluntarios y una niña de 13 años, cuya familia ignora el paradero del padre. Voluntarios registran medicamentos para diabéticos e hipertensos, mientras drones sobrevuelan constantemente generando miedo constante.
Por las noches, el silencio trae llantos y depresión, con familias separadas recordando a sus seres queridos. El doctor Jamed apela a donaciones de ropa, sábanas y colchones vía Facebook e Instagram de Amalona, rechazando dinero y voluntarios extranjeros por ahora. La gente está cansada de guerras cíclicas cada año y medio.
Alan Ferraro mostró las carpas donde seis personas duermen en dos colchones, turnándose para descansar, y enfatizó el impacto psicológico en niños nacidos en guerra, expuestos solo a drones y bombas en lugar de música.