El periodista Tumi contó su experiencia durante la dictadura cívico-militar, cuando militaba en el Partido Socialista y enfrentó riesgos de la Triple A antes del golpe.
Tras el 76, vivió con miedo constante: allanamientos en su casa y la de su madre, vigilancia en cines, colectivos y colegios por pelo largo o ideas opositoras. El partido lo envió al exilio por ocho años, cuatro en Colombia y cuatro en España, donde vendió pan con chimichurri en ferias para sobrevivir sin documentos ni trabajo.
Extrañó a su familia, que sufrió con los allanamientos, y vivió la desesperación por noticias de compañeros desaparecidos y la Guerra de Malvinas, complicando su posición en el exterior.