El pastor enseña que consagrarse más y crecer en estatura espiritual a imagen de Cristo genera mayores victorias, citando Romanos 8 donde todas las cosas ayudan a bien para quienes aman a Dios y son conformes a la imagen de su Hijo.
Para alcanzar ser más que vencedores en tribulaciones, hay que imitar la fe, consagración, pureza y mansedumbre de Jesús, preguntándose en tentaciones o ira qué haría Él, lo que lleva a nuevas bendiciones y milagros.
El predicador pasa a Mateo 5, donde Jesús exige justicia interior superior a la de fariseos, no solo externa, sino en pensamientos y corazón; la gracia de Dios da poder para esto, corriendo al trono de gracia en tentaciones para victoria sobre el diablo.
La gracia opera por el Espíritu Santo fortaleciendo al creyente, permitiendo pureza creciente, recompensas celestiales por santidad y protección contra el maligno si no se practica pecado habitual con rendimientos en la armadura.