En Espiando la casa, los panelistas comentaron con picardía una escena íntima grabada en una casa, donde una pareja se muestra en la cama con gemidos y caricias.
Describieron cómo él la acaricia con ganas, le pasa la patita por encima haciendo caballito, mientras ella está despierta y él parece dormido, aunque dudan si finge.
Con tono humorístico y sensacionalista, bromean que nunca una travesti duerme al lado del hombre, que siempre se levanta antes para pintarse y que nadie duerme tan quieto en esas situaciones.
La conversación fluye con risas, exclamaciones como "¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!" imitando sonidos y comentarios sobre la "cuevita de amor" y la necesidad de "pintarse las puertas".