Tras recibir ciudadanía española, Ricardo Darín eligió nacer en Jaén, inspirando homenajes locales con placas en confitería, sastrería y negocio donde pasó infancia ficticia.
Locales proponen poner placas en sus puertas, recordando anécdotas humorísticas como trajes de conejito y gusto por minojas, promoviendo turismo en la ciudad andaluza.