Todo ser humano nace esclavo del pecado adánico, muerto espiritualmente como Adán y Eva tras pecar en Edén; el espíritu muere, dejando solo cuerpo y alma en búsqueda infructuosa de felicidad.
El primer paso para ser cristiano verdadero es aceptar a Jesús como Salvador, naciendo de nuevo por el Espíritu Santo, lo que produce una conversión de 180 grados opuesta al mundo.
Los convertidos enfrentan rechazo de familiares y amigos que los llaman locos, pese a dejar vicios y mejorar conducta; el predicador afirma que el mundo está loco y los creyentes tienen sabiduría divina rumbo a vida eterna.