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Familias de Piruá Bajos destruyen monte para sobrevivir sin agua potable

Tensión: intercambio (15°)

En la remota comunidad de Piruá Bajos, en el monte chaqueño, familias como la de Marcela y Mateo luchan por sobrevivir en casas de barro sin luz ni agua potable, mientras los niños avanzan en la alfabetización gracias a un programa educativo que celebra asistencias perfectas como la de Mateo, apodado "Cero Falta" por su maestra Gaby.

Los adultos trabajan arduamente cortando árboles para hacer carbón y postes, destruyendo el monte centenario por necesidad, ya que no hay otras fuentes de ingreso. El padre de Marcela padece hernias sin atención médica por falta de dinero, y la familia cría cabras y terneros en condiciones extremas, con niños asumiendo responsabilidades desde los 5 años.

El agua de pozos y ríos contiene altos niveles de arsénico y flúor, causando cánceres, dolores óseos y muertes prematuras en la zona de Vilmer. Análisis confirman 0,402 en el pelo de Marcela, y familias enteras han perdido padres, tíos y hermanos por el veneno; un hombre perdió seis de siete hermanos por cáncer de piel ligado al arsénico.

Las lluvias escasas (500 mm anuales vs 2500 en Buenos Aires) obligan a recorrer kilómetros con carretas o pagar por agua irregular. Proyectos incluyen bioconstrucción con adobe local para casas aislantes y una red de agua en Huñaz Pozo con pozo profundo y ósmosis inversa para consumo humano seguro.

Los niños sueñan con ser policías o maestras, pidiendo casas violetas o cuartos de princesa, mientras educadores destacan la calidez humana y el monte como espacio mágico, pero urge empoderarlos con educación para que elijan quedarse o partir sin carencias.