En el centro clandestino El Infierno de Avellaneda, continúan el recorrido por las salas de tortura y la casa donde vivía el represor Echicolás, a escasos metros de los calabozos, en un especial por los 50 años del golpe de 1976. Jimena y Claudio explican que había cuatro salas de tortura, con testimonios como el de Hilda Eloy sobre torturas constantes, y revelan el reciente descubrimiento de una puerta secreta que comunicaba con un garage para ingresar víctimas.
Familiares de desaparecidos de tres generaciones comparten sus historias: Ada por Oscar Borsi, Claudia por Jorge (referenciado por Nilda Eloy), Florencia Chidichimo por su padre Ricardo Darío Chidichimo y abuela Quita Chidichimo (Madre de Plaza de Mayo), quien daba partes meteorológicos desde una endija; Nancy Rizzo por José Rizzo, único cuyos restos recuperó; y María Victoria Conjet por su abuelo Jorge Luis Conjet. Todos exigen saber el paradero de los 30.000 desaparecidos.
Marco Cittadini y artistas muestran murales con vida y consignas como "Ni olvido ni perdón", mientras critican el negacionismo del gobierno actual y prisión domiciliaria para genocidas. El espacio, recuperado con apoyo del intendente Ferrares y Claudio Jacoy, se transforma en sitio de memoria para educar generaciones futuras contra la repetición del horror.
Recuerdan condenas como la de Horacio Luis Castillo por 64 víctimas, incluyendo Mercedes Alvariño Blanco, María Clara Ciocchini y Claudia Falcone, y la desaparición de Jorge Julio López tras testificar contra Echicolás. Pérez Esquivel y juez Rosansky destacados en la lucha por juicios.