Las elecciones parlamentarias en Dinamarca amenazan la continuidad de 100 años del gobierno de la primera ministra socialdemócrata Mette Frederiksen, quien busca un tercer mandato con una gran coalición.
Su apoyo subió temporalmente al 21% por la crisis de Groenlandia ante la presión de Donald Trump, pero bajó por problemas económicos, impuestos al patrimonio y debates sobre inmigración estricta, diferenciándose de la izquierda tradicional.
Analistas prevén que el bloque de izquierda no alcance las 90 bancas necesarias para la mayoría, aunque alianzas podrían mantenerla debilitada en el poder pese a cambios en el Parlamento.
La situación interna de cambio y presión externa, incluida Groenlandia, impactará según resultados en las urnas la próxima semana.