Hugo, su pareja Sofía y el bebé Lucas vivieron ocho meses en la calle, durmiendo en un cajero automático en La Plata por falta de trabajo y recursos para alquilar. Hugo dejó su familia por diferencias de estatus con Sofía y enfrentaron noches horribles, turnándose para vigilar como suricatas ante el peligro constante.
Una noche, Edgardo, dueño de una PYME de medallones veganos, los vio en el cajero mientras retiraba dinero. A pesar del temor inicial, charló con Hugo, quien le contó su historia, y le ofreció trabajo en cocina sin dudar de su transparencia y ganas de progresar. Hugo empezó ese sábado y lleva dos años empleado.
Hugo ahora tiene un empleo estable en sushi además, alquilaron un departamentito y sueñan con su propia pizzería casera. Edgardo se convirtió en mentor paternal, y ambos destacan la necesidad de más oportunidades de empresas y Estado para personas en calle, junto a ONGs como Multipolar.
Durante la charla emotiva, Hugo relató una noche fría en estación donde una visión divina lo motivó a no perder fe por su familia. Edgardo, de familia humilde y con pérdidas personales, siempre ayudó en inundaciones y ve en esto una cadena de favores solidarios.