La demanda de búnkeres privados se disparó por tensiones geopolíticas y temor a escalada nuclear, convirtiendo el resguardo subterráneo en un negocio multimillonario desde la Guerra Fría.
Empresas como Atlas Survival Shelters, liderada por Ron Hubbard, fabrican refugios de 49.000 euros a más de un millón, equipados con filtración de aire, energía solar y autonomía para meses, resistiendo ataques aéreos.
En Dubái, cerca del Golfo, aumentan consultas por misiles y drones; en Suiza, búnkeres públicos protegen a toda la población bajo edificios y escuelas.
Figuras como Mark Zuckerberg y las Kardashians popularizaron la industria, que exige discreción absoluta para evitar saqueos en catástrofes.