El régimen de Irán lanzó por la noche una nueva ola de misiles contra las ciudades israelíes de Dimona -cerca de su planta nuclear en el desierto de Negev- y Arad, dejando más de 175 heridos, daños extensos en edificios residenciales, incendios y desalojos.
Las sirenas de alerta obligaron a la población a refugios, con impactos que destruyeron infraestructuras sobre búnkers subterráneos. Teherán reivindicó el ataque a Dimona como represalia por el bombardeo israelí al complejo nuclear de Natanz.
El Centro Médico Soroka trató a decenas por esquirlas. El ejército israelí negó conocimiento del ataque a Dimona, mientras medios iraníes lo atribuyeron a Estados Unidos. Israel mantiene ambigüedad sobre su arsenal nuclear.