En Sudán, desplazados en el campamento de Tahuila en Darfur del Norte celebran el Eid al-Fitr con poco ánimo por la guerra entre el ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido que dura casi tres años.
Los fieles se reúnen vestidos de blanco para oraciones, reparten dátiles y preparan comida, pero expresan tristeza por pérdidas y devastación. Muchos huyeron tras el asalto a El Fasher, donde militares tomaron control tras 18 meses de asedio.
La población vive en condiciones precarias y pide ayuda humanitaria: refugios, mantas, medicamentos y ropa. La guerra ha desplazado a 11 millones de sudaneses, una de las peores crisis humanitarias según la ONU.