Los neoyorquinos enfrentan un fuerte aumento en los precios de la gasolina debido a la guerra en Medio Oriente. Julia, una conductora, pagó 65 dólares para llenar su depósito, un 25% más que a finales de febrero, lo que la obliga a usar más el transporte público.
El alza del petróleo impacta también en la cesta de la compra porque los transportes elevan costos que terminan pagando los consumidores. Todo lo que llega a Nueva York depende del transporte y los pequeños comercios sufren la presión en sus gastos.
Los expertos temen un efecto dominó que enfríe la economía si las familias recortan otros gastos por destinar más dinero a la energía. José Torres advierte que si el petróleo supera los 90 dólares por barril durante cuatro meses, habrá recesión, recordando crisis pasadas en 2008 y 2022 por subas similares.