El pastor explica la caída de Lucifer, querubín ungido que por orgullo quiso elevar su trono por encima de Dios y ser adorado, arrastrando un tercio de ángeles y originando el pecado.
Lucifer tentó a Jesús y a Adán y Eva con la misma mentira de ser como Dios, promoviendo la idolatría moderna donde el yo es el ídolo en el espejo, desplazando a Dios del corazón por ego, objetos o personas.
Jesús venció la tentación sin pecado y mostró que con su Palabra y Espíritu los cristianos pueden vencer, sentados en lugares celestiales por encima de principados. La humildad de Cristo es el antídoto contra la autoexaltación.
El orgullo de Lucifer enseña que bendiciones y posiciones no deben llevar a idolatrar el yo; Dios debe gobernar el corazón, no cargos o talentos.