Ernestina comparte su experiencia de volver a empezar múltiples veces, destacando una internación judicial en marzo 2024 impulsada por la familia (papá de su hijo y mamá), que agradece profundamente como salvavidas contra su adicción.
Explica el proceso: pruebas de peligro para sí y terceros llevan a orden judicial para tratamiento, no cárcel, con informes mensuales al juzgado. Detalla su internación voluntaria fallida en enero 2024 y la forzada posterior en Udigenza tras sanatorio.
Insiste en desestigmatizar la judicialización como acto de amor para cuidar vidas, diferenciando acceso por prepaga vs. falta de lugares gratuitos en provincias como Chaco o Buenos Aires, criticando brechas en salud mental.
Relata anécdota de mano quebrada sin recordar causa, enojo inicial pero gratitud posterior, urgiendo a familias a actuar pese miedos para evitar cementerio, hospital o cárcel.