El cantante consulta al público si están seguros de seguir en el show y bromea sobre no obligar a nadie, mientras destaca el lindo momento que viven todos juntos.
Pide apagar las luces del escenario para que el público encienda sus celulares en Diamante y transforme el lugar en un cielo cubierto de estrellas, solicitando su ayuda para cantar una canción con toda el alma.
Canta una pieza sobre una historia de verano que llega a su fin y un pacto que termina, expresando dificultad para decir adiós porque el corazón se quiere quedar. Luego, en su despedida, rinde homenaje a figuras clave de la música de Entre Ríos cuyo legado perdura en la ciudad, invitando al escenario a Francisco Cuesta y los musiqueros entre rianos.
Interpretan un chamamé sobre Juan, recordando su pica, escarceador, alegría y apoyo a las peñas y guainas del lugar. Lo tocan medio salteño medio entorriano, animando al público a bailar chamarrita y a hacer sentir las manos. Continúan con más canciones sobre máquinas, mentiras, el río y sueños de amor que murieron.
El público aplaude fuerte a los musiqueros, y el cantante celebra que Diamante está de fiesta mientras suena más música folclórica.