Las fuerzas israelíes lanzaron gas lacrimógeno contra miles de fieles palestinos congregados en la mezquita al-Aqsa de Jerusalén durante la celebración del Eid al-Fitr, fin del Ramadán. Restricciones en la entrada obligaron a muchos a rezar afuera, generando tensiones y empujones.
Israel justificó la medida como prevención de disturbios en contexto de guerra, cerrando la Ciudad Vieja por seguridad ante la multitud en sitios sagrados. Palestina denunció restricción al derecho de culto y uso excesivo de fuerza contra fieles, incluyendo niños.
Alfredo Leuco defendió la clausura como protección para judíos, cristianos y musulmanes en lugares superpoblados, destacando convivencia en Haifa donde judíos y cristianos rompieron ayuno con árabes al fin del Ramadán. La Pascua judía y católica se pospone por riesgos.