La diputada brasileña Fabiana de Lima Barroso, alineada con Bolsonaro, se pintó la cara y brazos de negro en un discurso contra la elección de la diputada trans Erika Hilton en el Comité de Derechos de la Mujer.
Realizó un blackface artístico para argumentar que una mujer blanca no puede considerarse negra, oponiéndose a la diversidad de género y reclamando una visión biologicista.
El acto generó repudio inmediato, viralización en redes y pedidos de renuncia por racismo en Brasil, donde la práctica es culturalmente rechazada.
Panelistas comparan con casos de racismo en Argentina y destacan el peso legal contra gestos racistas en Brasil.