En el juicio por los cuadernos de la corrupción, la imputada colaboradora Claudia Huberti denunció vivir en un estado de terror permanente por amenazas de muerte y se negó a ampliar su declaración por temor a no ser precisa, comprometiéndose a hacerlo más adelante cuando se normalice su detención.
Huberti aclaró que no es un traidor sino un imputado colaborador protegido por la Ley 27.304, y ratificó haber llevado bolsos con dinero recaudado de concesionarias viales a Néstor Kirchner en el despacho presidencial, con Cristina Kirchner presente en varias ocasiones, e informó que el día de la muerte de Néstor había 60 millones de dólares en el departamento de Juncal al 1300.
El chofer Oscar Centeno, testigo clave, se negó a declarar por consejo de sus abogados para evitar contradicciones ante los defensores kirchneristas, pese a sus 60 carillas previas detallando entregas de bolsos. Periodistas destacaron la inteligencia de su silencio y la desesperación K, comparando la mega corrupción kirchnerista con ninguna otra en la historia argentina.
Los imputados colaboradores pospusieron declaraciones hasta el final del juicio para validar beneficios legales, en medio de menciones a amenazas y posibles asesinatos asociados al kirchnerismo como Fabián Gutiérrez y Gotti.