Vanessa relató sufrir insomnio, miedo a la oscuridad, visiones de hombres de negro, ruidos de cadenas y pasos, incluso con su madre viendo espíritus tras la muerte de la abuela, recurriendo infructuosamente a curanderos.
Se sentía deprimida y resignada hasta participar en reuniones de liberación en la Iglesia Universal, donde ganó paz, tranquilidad y fuerza para enfrentar problemas diarios con el Espíritu Santo.