Roberto contó en el programa Pare de sufrir cómo su vida cambió drásticamente tras la muerte de su padre a los 12 años, cuando se involucró en vicios, alcohol, tabaco y apuestas en el hipódromo.
Perdió 5.000 dólares en una apuesta a caballos de carrera, quedando sin nada y sufriendo insomnio, pesadillas y depresión, hasta que un anuncio en un diario lo llevó a la Iglesia Universal.
Allí recibió paz interior, se bautizó en aguas para enterrar su pasado y fue lleno del Espíritu Santo, abandonando todos los vicios, el mal carácter y la violencia para vivir en gozo y tranquilidad.