El mecánico cubano Juan Carlos Pino, de 56 años, modificó un Fiat Polsky de 1980 para que funcione exclusivamente con carbón vegetal ante la escasez total de combustible en Cuba, provocada por el bloqueo petrolero, la caída del suministro venezolano y apagones constantes.
Pino construyó un generador de gas utilizando chatarra, tanques de propano reciclados y jarras de leche como filtros para el humo, replicando técnicas centenarias de gasógenos aprendidas de su tío. El vehículo recorre distancias largas, como 85 kilómetros en una jornada de 11 horas sin detenerse, sin dañar el motor según pruebas realizadas.
En un pueblo rural cerca de La Habana, donde la nafta alcanza 8 dólares por litro en el mercado negro y la movilidad es un lujo, los vecinos quedaron asombrados al ver el auto circular frente a estaciones cerradas. Pino ofrece libremente su conocimiento para ayudar a otros en la crisis, simbolizando resistencia y supervivencia.
La situación genera tensiones políticas con posibilidad de cambio presidencial y acercamientos económicos con Estados Unidos; un petrolero ruso lleva combustible pese a amenazas de bloqueo estadounidense, evocando la crisis de misiles de 1962.