La guerra en Medio Oriente provocó una parálisis en el estrecho de Hormuz que cortó rutas de importación de crudo desde Omán y Arabia Saudita, afectando la conectividad aérea en ciudades africanas como Ciudad del Cabo, Johannesburgo y Mogadiscio.
Las aerolíneas sudafricanas implementaron recargos en pasajes por el alza del combustible, con temor a que los aviones queden en tierra, mientras en Johannesburgo el personal testa cada gota con precisión quirúrgica ante la volatilidad de precios.
En Somalía, depósitos están llenos pero barcos no salen del Golfo por ataques, impactando turismo, negocios y misiones humanitarias como evacuaciones médicas, donde el costo del combustible determina quién recibe asistencia.
Refinerías buscan rutas largas rodeando el Cabo de Buena Esperanza, preparando al sector aeronáutico africano para uno de los golpes energéticos más severos en décadas.