Cuatro participantes de Gran Hermano se reúnen para discutir su estrategia frente a la placa de nominados, afirmando que enfrentan a toda la casa y no temen las consecuencias de jugar fuerte.
Uno de ellos critica el juego de Sol, quien jugó mal una movida, y enfatizan que no hay equivalencia en la lucha porque son pocos contra muchos. Insisten en que la gente vota, no los demás, y rechazan cualquier orden de la casa.
Jordi y los otros deciden ir a todo o nada, celebrando goles propios sin importar si molesta a los contrincantes, ya que se trata de un juego psicológico donde van a festejar cada avance.
Reafirman su compromiso de ser congruentes y no influenciables, tratando al resto como simples contrincantes sin valor más allá del juego.