El escándalo de Manuel Adorni, jefe de gabinete y vocero presidencial, reveló debilidades en su gestión, con críticas por su reacción y encadenamiento con otros casos. Marcos Novaro diferenció su gravedad de Libra pero señaló error en su elección como recambio de Guillermo Franco.
Novaro criticó la concentración de poder al optar por un perfil obediente sin interlocutores fuertes, achicando la capacidad política del gobierno. El rol de vocero quedó inviable y dañado en un momento económico delicado.
Comparó con modelos como Esper, urgiendo explicaciones sobre vuelos privados y enriquecimiento para evitar costos mayores.