En Morón, Cuba, una multitud saqueó y quemó la sede del Partido Comunista por apagones de 20 horas diarias y escasez de alimentos, pese a que Miguel Díaz-Canel lo minimizó como vandalismo aislado.
La crisis energética paralizó hoteles con solo 90 minutos de luz al día; el bloqueo petrolero de EE.UU. tras la caída de Nicolás Maduro agravó el colapso. Donald Trump prioriza Irán sobre Cuba, presionado por exiliados, mientras Marco Rubio exige cambio de régimen en negociaciones veloces.
El gobierno cubano liberó prisioneros negociados por el Vaticano y confirmó contactos discretos con EE.UU. para buscar salida. Anunció apertura histórica: cubanos en el exterior podrán invertir y ser dueños de negocios privados sin límites administrativos, para captar divisas.
Un funcionario cubano enfatizó que las puertas están abiertas a la comunidad cubana exterior y al comercio libre con empresas estadounidenses, aunque la legislación de EE.UU. lo impide por ahora. La medida rompe tabúes y cambia la visión de los exiliados, ante descontento con cacerolazos y sedes incendiadas.