La industria azucarera colonial reemplazó la esclavitud por el sistema de servidumbre contratada con trabajadores indios y chinos, manteniendo condiciones crueles en plantaciones del Caribe y más allá. Tras la abolición, Francia indemnizó a expropietarios con 126 millones de francos en 1849, equivalentes al 7% del gasto público, mientras los esclavos liberados recibían nada. Los británicos importaron culíes de India y China por contratos de 3-5 años a cambio de salario bajo, alojamiento y comida, pero deudas por ron y alimentos los ataban décadas.
Las condiciones de vida y trabajo apenas cambiaron, con los mismos alojamientos y ritmo brutal, preservando mentalidades esclavistas. Entre 1850 y 1930, 150.000 chinos y 2 millones de indios fueron enviados globalmente a plantaciones. En República Dominicana actual, haitianos cortan caña sin derechos, explotados y deportables, como testimonió un trabajador desde 1958 bajo Trujillo.
El Estado retiene prestaciones laborales sin devolver pensiones ni liquidaciones a veteranos de 60-70 años desgastados por décadas en el campo. La industria se adaptó siempre, aumentando producción en siglo XX con EE.UU. emergiendo como potencia, pese a competencia de remolacha y aboliciones tardías en Cuba (1886) y Brasil (1888). Haití pagó indemnización de 150 millones de francos a Francia en 1825, endeudándose hasta 1947.
La pobreza persiste, empujando haitianos a exilios laborales en plantaciones dominicanas, donde enfrentan explotación similar a culíes históricos.