Un pastor explicó la caída de Lucifer, un ángel que se rebeló contra Dios por orgullo y quiso ocupar su trono, convirtiéndose en Satanás, el tentador que arrastra a otros a la desobediencia.
Jesús, tentado por el diablo, venció sin pecado y mostró que los humanos pueden triunfar con la Palabra y el Espíritu, sentados en lugares celestiales por encima de todo poder maligno. Lucifer, un querubín ungido en la presencia de Dios, dejó que su orgullo lo devorara al colocarse a sí mismo como ídolo en el espejo del corazón.
La idolatría moderna no son estatuas, sino adorar el propio ego, materialismo, orgullo laboral, autorrealización y gratificación inmediata, desplazando a Dios del centro de la vida por deseos de la carne, ojos y vanagloria de la vida.
El antídoto es la humildad de Cristo, que dejó su trono para servir; hay que destronar el yo, amar a Dios y al prójimo, servir eternamente y no reducir a Dios a proveedor de prosperidad. El pecado abre puertas a influencia satánica.
Promocionó libros 'Guerra espiritual' y 'Camino al avivamiento' en libreriadelaciudad.com y WhatsApp 362-482-0965, luego citó Ezequiel 36 sobre israelitas que contaminaron la tierra con ídolos y deshonraron el nombre de Dios.