La psicopedagoga María Sigman, de la Universidad de El Salvador, explica que el bullying consiste en humillar a otro para elevar el propio poder con apoyo grupal, causando sufrimiento, baja autoestima y temor en la víctima, afectando a todo el grupo en escuelas o clubes.
Sigman aclara que ningún chico se fortalece siendo inferiorizado y urge prevenir agresiones intencionales con silencio cómplice, en lugar de crear "niños de cristal". Señales de alerta incluyen cambios de humor, rechazo a la escuela, pesadillas, irritabilidad y aislamiento, ya que el brillo en los ojos se apaga. Los padres deben mantener calma, quitar culpa al hijo y pedir ayuda sin vergüenza.
El agresor suele tener baja autoestima y busca reconocimiento aplastando al otro, potenciado por espectadores; ambos roles son graduales y prevenibles con ESI, empatía real y límites claros como el "no" regalado en casa. Sobre celulares, insiste en supervisión adulta, pantallas grandes para niños chicos y revisar contenidos para evitar angustia por redes.
Presentan campañas contra bullying, como una de compañeros activando poder para intervenir, y del Atlético Madrid sobre ojos apagados. Sigman promueve su libro con Mónica Coronado sobre estrategias para familias y educadores, enfatizando presencia adulta unida sin culpas mutuas.