La familia de Junior, el chico de 16 años con discapacidad que repta en el monte de Monte Quemado, Santiago del Estero, lucha diariamente por sobrevivir y educar a sus hijos. Carlos Eduardo Ocampo, el padre, trabaja haciendo postes, cortando leña y alambrados, pero los gastos en combustible para llevar a los chicos a la escuela albergue superan los 30 mil pesos semanales, con motos que se rompen constantemente en caminos imposibles. Venden cabritos o monte para comprar lo esencial cuando falta dinero.
Selena, hermana de Junior, destaca sus logros educativos como el egreso de séptimo grado, participación en ferias de ciencia y título de manicurista, pese a las dificultades. El albergue escolar permite que los chicos de distancias de 30-40 km estudien de lunes a viernes, recibiendo cuatro comidas diarias y contención, rompiendo el ciclo de pobreza rural donde los padres solo llegaron a sexto grado básico por trabajo infantil en cosechas.
La escuela, construida desde cero en el Impenetrable, transforma vidas al ofrecer no solo clases sino vivienda segura, higiene y sueños profesionales como biología, policía o abogacía. Padres como Ocampo sueñan con "un trabajo a la sombra" para sus hijos, evitando repetir patrones de analfabetismo y embarazos tempranos. La energía solar es precaria, sin luz en días nublados, aumentando riesgos como víboras.
El director enfatiza la responsabilidad de los chicos y padres para cuidar el lugar, que está al 100% de capacidad, y anima a soñar grande como agentes de cambio en sus comunidades.