Sergio Rubín advirtió que el intento de convertir el conflicto en Medio Oriente en una guerra santa agrava la situación, al justificar la violencia con argumentos religiosos malversados que complican su resolución.
Irán, calificado como una teocracia anacrónica que busca exterminar a Israel y financia el terror, moviliza a sus fuerzas invocando la lucha contra el eje del mal, los infieles y prometiendo mártires. Netanyahu, en menor medida, alía con ultraortodoxos y usó referencias bíblicas como Amalek para comparar con Irán.
Donald Trump no ha explotado mucho el tema religioso pese a influencia evangélica, aunque un grupo de pastores rezó por soldados en la Casa Blanca. Rubín enfatizó la importancia del diálogo interreligioso para evitar que religiones justifiquen la violencia, recordando el documento histórico del Papa Francisco con el líder sunita mayoritario del Islam a favor de la paz.
Sacralizar la guerra la hace más difícil de detener, ya que se percibe con aval divino, empeorando el conflicto regional y global, incluso en Argentina.