El barril de petróleo alcanzó los 100 dólares, un 40% más desde el estallido del conflicto en Medio Oriente, impactando todos los aspectos de la vida diaria desde plásticos y combustibles hasta cosméticos y fertilizantes. Expertos como Renato Campos explican que el crudo es base de una enorme cadena petroquímica, elevando costos de producción, distribución y bienes finales en un efecto dominó inflacionario.
Multinacionales como Lego alertan alzas en juguetes de plástico derivado del petróleo, mientras Donald Trump celebra ganancias para productores estadounidenses. En economías importadoras de América Latina, las presiones inflacionarias amenazan el crecimiento y la balanza comercial, con bancos centrales subiendo tasas de interés que encarecen créditos para viviendas y vehículos.
En el Reino Unido, precios mayoristas del gas subieron 70% en la primera semana de guerra, afectando el 30% de su energía y calefacción de hogares. India, segundo importador mundial de gas licuado, enfrenta escasez con filas en cocinas, cierre de restaurantes y recurriendo a madera o cocinas eléctricas, mientras el gobierno prioriza hogares y hospitales suspendiendo suministros a hoteles.
Las importaciones de gas ahora provienen de Estados Unidos, Noruega, Canadá y Rusia, con ventas de estufas de inducción cuadruplicadas y rentas multiplicadas por 30 ante la crisis.