En Mendoza, el equipo visita el estudio de danza de Paloma, nacido en 2014 con cinco profesoras que forman bailarines desde los 3 años hasta adultos sin límites de edad, género o corporalidad. El lugar es un cable a tierra para desestresarse y perseguir pasiones variadas.
Paloma explica que post-pandemia muchos optaron por danza en vez de psicólogos para escapar de la realidad, con clases iniciales por videollamadas que continuaron en presencial con alegría, atrayendo nuevos alumnos. El baile eleva felicidad y bienestar corporal.
Paolo, bailarina desde los 6 años de familia artística, lo ve como su pasión, trabajo y forma de vida, entrenando diariamente en disciplinas para profesionalizarse. Sueña con audicionar en Broadway, sintiéndose preparada para ese viaje emblemático del arte.
El equipo comparte la pasión, baila unos pasos afuera y entra al estudio, admirando el ambiente como un hogar y segunda casa para sus dueños.