Nelson Castro y su equipo transmiten en vivo desde el sur de Tel Aviv la rápida reconstrucción de un cráter causado por fragmentos de bombas racimo de misiles lanzados directamente desde Irán. Los destrozos incluyen calles comerciales con pozos profundos, vidrios destrozados, persianas revueltas, daños en locales y viviendas de clase media-baja, pero milagrosamente no hay heridos.
Trabajadores municipales operan retroexcavadoras y máquinas para remover escombros y rellenar el agujero apenas una hora y 40 minutos después del impacto, tras que el ejército israelí rastrilló la zona en busca de fragmentos explosivos y confirmó la seguridad. El tránsito se reabre parcialmente, negocios cierran temporalmente y la policía delimita el área con conos, mientras vecinos observan sin poder volver aún a sus casas.
El objetivo es recobrar la normalidad lo antes posible para evitar cicatrices visibles de la guerra y apoyar la salud mental de la población, borrando rastros de destrucción en horas. Inspectores municipales entregarán certificados exprés a damnificados para reparaciones rápidas, con el Estado cubriendo costos.
En estudio, Paula, Santiago y Pablo destacan la eficiencia israelí frente a críticas minoritarias en redes que rechazan mostrar la devastación, argumentando que frena la imagen de normalidad. Los misiles no afectan bases militares, pero generan impacto psicológico en civiles; Hezbollah carece de capacidad para alcanzar Tel Aviv.
El equipo mostró videos del impacto inicial y paralelamente daños mayores en otro sitio con heridos atendidos, planeando ir allí tras finalizar esta cobertura.