María Eugenia, junto a otras familias argentinas, vivió terror en Dubái por detonaciones de misiles cerca de su hotel durante la madrugada del domingo, con alertas en teléfonos y llantos de niños de 7 a 19 años. Se refugiaron en escaleras de emergencia y subsuelos, lejos de vidrios, ya que el lobby y habitaciones eran vulnerables. No entendieron la TV local en árabe.
En el aeropuerto no sintieron tensión bélica, pero todos los vuelos salen custodiados por aviones caza que los protegen hasta asegurar el espacio aéreo. Si detectan objetos no identificados como drones, los atacan por orden militar para preservar vidas, ante la amenaza iraní a objetivos civiles.
Voló vía San Pablo con ruta desviada por Omán y sur de África, sintiéndose segura una vez fuera de la zona. Al llegar, la mayor angustia fue dejar argentinos varados mientras rusos y chinos volaban libremente, ya que Emirates canceló rutas argentinas por baja frecuencia.
Pidió a la Embajada argentina que presione a aerolíneas para repatriar a los restantes en cualquier clase, destacando el hotel enorme lleno de personas pero argentinos excluidos pese a espacio aéreo abierto desde el miércoles.