El Jardín Botánico Real de Colombia, creado por Edgar en Ciudad Bolívar de Bogotá, genera su propio agua subterránea conectada con la cuenca del río Tunjuelo y el páramo de Sumapaz. Este asedero de agua, que brota directamente de la tierra, alimenta una piscina natural o cenote donde acuden diariamente chicos locales, visitantes de otras localidades y extranjeros. El agua proviene de 70 kilómetros de distancia en el páramo, infiltrándose en el suelo para crear esta maravilla en una zona históricamente seca.
El jardín mitiga la isla de calor urbana, bajando la temperatura y mejorando el confort térmico en el ecosistema. Los vecinos destacan el cambio al entrar: limpio, bonito, lleno de naturaleza, libre de humo y gases tóxicos, pasando del ladrillo al verde. Este oasis demuestra que la infraestructura verde es un derecho, no un lujo, y sirve como modelo de gestión local del agua y educación ambiental.
La comunidad local, solidaria y trabajadora, sostiene el proyecto. Antes no había jardines en el barrio, pero ahora enseña a chicos la importancia del cambio espacial. Vecinos como Leandro, guía científico, sueñan con impactar ambientalmente a Colombia y el mundo, mientras Edith, artista voluntaria, aprende desde semilleros y aspira a una biblioteca especializada.
Edgar transformó patios de casas vecinas en un espacio con más de 600 especies de plantas, insectos, arañas y un patio de orquídeas homenajeando las 4.000 especies colombianas. Recibe decenas de personas diariamente, cerrando brechas sociales mediante conocimiento accesible a todos.