Dios profetizó que Israel saldría de Egipto libre y rico, despojando a sus opresores. En Éxodo 3:22, el Señor instruyó que cada israelita pidiera a vecinas egipcias objetos de plata, oro y prendas costosas para vestir a sus hijos, saliendo vestidos de gala tras cuatro siglos de esclavitud.
Ni el mejor guionista imaginaría un imperio como Egipto regalando su fortuna a esclavos, pero Dios lo prometió a Abraham 400 años antes y lo cumplió. Moisés transmitió la promesa, sorprendiendo al pueblo con esta liberación milagrosa.