El conductor de Cámara del Crimen arranca la historia misteriosa del sillón con Miguelito y un parapsicólogo en la cocina del estudio, prometiendo contarla completa. Todo explota en 1964 en Pekín, cuando el pibe de 20 años Bernard Boursicot, un simple empleado de la embajada francesa, se flecha con la bailarina Xi Pei Pu en un show estatal para diplomáticos.
En plena debacle pre-Revolución Cultural de Mao, donde todo occidental estaba prohibido y el Estado metía las narices en todo, menos en baños públicos, la pareja se ve a escondidas, a las apuradas y en penumbras, sin restaurantes ni Tinder. Nace el amor, y en 1966-67, Xi le confiesa a Bernard que es mujer pero se hace pasar por varón por quilombos políticos desde chica, como en la peli Víctor Victoria con Julie Andrews. A él no le importa, está enganchado a full.
En 1968, Xi suelta la bomba: está embarazada en medio del desastre de la Revolución Cultural, con embajadas diezmadas y calles intransitables. No se ven más, pero Bernard se entera por rumores que nace un varón, Xi Dudu. Lo mandan a Mongolia, al desierto de Gobi en Ulaanbaatar, la nada misma, y pierden contacto salvo cartas que tardan seis meses. En 1971, lo traen de vuelta a la Cancillería en París.
En 1972, Xi viaja a París por un show estatal y se reencuentran sin sombras ni escondites. Le muestra una foto borrosa del pibe, dice que no pudo sacarlo de China, y pide plata para mantenerlo porque allá está todo peor. Para ganar más, le pide papeles sensibles de la Cancillería, prometiendo que ayuda a los dos y al nene. Bernard, loco por ella, empieza a sacar documentos de la embajada.