La supuesta crisis ecológica no es un problema ambiental sino una crisis de civilización provocada por el modelo de vida basado en destruir recursos naturales para producir, comprar y descartar sin fin.
Soluciones superficiales como autos eléctricos o bolsas reutilizables distraen sin alterar el modelo económico de crecimiento constante que erosiona suelos, contamina ríos y envenena el aire. El término crisis ecológica hace creer que el problema está en la naturaleza, cuando esta solo reacciona a la agresión humana.
Como siempre, el discurso despolitiza el problema, oculta el conflicto estructural y genera ilusiones que permiten que todo siga igual. No se trata solo de cuidar el planeta sino de redefinir cómo vivir, decidir si cambiar hábitos o solo pintar de verde el mismo mundo.
La crisis civilizatoria exige una salida política, cultural y ética para salvar una vida habitable y armónica para todos, no reparar daños sino transformar la raíz.