César Rodríguez revela que su amor por sus hijos se multiplica y lo compara con el poliamor, destacando fascinaciones diferentes con cada uno. Explica que con Catalina tiene su historia particular, con Martina comparte ser abuelo de su nieto, con Balú un ancla en el deporte, y con los más chicos como Joaquina y Paqui encuentra nichos específicos. Con Fermín conecta en el básquetbol y guitarra, rompiendo estigmas personales como evitar multitudes.
Relata anécdotas como ir al Estadio Ciudad de La Plata pese a su rechazo por corrupción histórica, y un show de Los Piojos donde participó invitado por Fermín y Paqui. En un tributo a Tavo Kupinski, su amigo fallecido, se emocionó y Fermín lo notó, fortaleciendo su vínculo filial más allá de errores pasados.
Detalla su trabajo espiritual de introspección con un grupo terapéutico y psicóloga, reconociendo compulsiones como las 170 kilos de peso o compensar una adicción con otra. Entiende la adicción como lo que somete la libertad, no solo sustancias, y prioriza afectos e imperfecciones para ordenar su vida y cabeza.
Rechazó un laburo en radio de 9 a 12 de la noche porque no lo necesitaba, priorizando su ritmo. Anteriormente compartió la operación de corazón de Fermín a los 13 años por Jorge Barreta en el Hospital Italiano, una cirugía preventiva exitosa que ahora le permite jugar básquet sin problemas.