Una familia bangladesí espera en días su casa prefabricada móvil adquirida en un centro de exposición en el sur del país. Estas viviendas modulares se montan y desmontan en un día, tardando de 7 a 10 días en casas pequeñas o hasta un mes en grandes, con equipos de 4 o 5 carpinteros. Son populares en la costa sur vulnerable a inundaciones y ríos desbordados, permitiendo reubicarlas fácilmente a diferencia de las de hormigón.
Los precios oscilan entre 3.000 y 20.000 euros, más baratas que las de ladrillo, impulsando una industria local con 25 distribuidores. Mohamed Turin, que heredó el negocio de su padre, entrega 8 a 10 casas mensuales gracias a videos en Internet que popularizaron el producto entre bangladesíes en el extranjero, quienes compran online y evitan supervisiones largas.
Los artesanos usan maderas de Bangladesh, Malasia o Nigeria, destacando terrazas tradicionales con madera de hierro nigeriana de 80 años de garantía. La casa elegida por la mujer cuyo esposo vive afuera cuesta 4.000 dólares, con dormitorio, salón, baño, lavadero y cocina. Se arma en un día y recorren cientos de kilómetros para entregas.
La demanda crece por lluvias, inundaciones y clientes expatriados que regresan, facilitando construcciones rápidas sin confianza local para monitorear.